Precipitarse, huir, esconderse, correr.
Todas estas palabras producen escalofríos a cualquier persona.
Por desgracia o quizá por suerte,
ninguno de nosotros está programado como un robot.
ninguno de nosotros está programado como un robot.
Nadie puede controlar lo que siente, tampoco lo que piensa.
Es todo tan... Incontrolable.
A veces esto nos crea pánico.
¿Recuerdas ese "pálpito" o esa "sacudida" en el pecho sin previo aviso?
¿A quién no le asusta eso?
Es miedo a lo inesperado, sin saber que va a venir después.
No me gusta.
En absoluto.
Y creo que a nadie le gusta esa pedrada en pleno corazón.
Ni a las buenas ni a las malas.
¿Y qué hay del vacío?
Ese pequeño abismo que todos tenemos en nuestro interior,
deseoso por ser ocupado, quizá temeroso.
Siempre a la espera y siempre alerta.
Esperando respuestas, las cuales muchas de ellas nunca tendrán respuestas.
Ya por no hablar de dicha paranoia...
Esa que nos asalta a la mente cuando menos lo esperas,
que te puede llegar a volver loco en cuestión de minutos, incluso segundos.
Te deja sin piel, te deja sin manos.
Por eso mismo no merece la pena quemarse por dentro.
No lo hagas, no te desgarres.

No hay comentarios:
Publicar un comentario