martes, 13 de marzo de 2012

Hienas que creen ser delfines.

La incertidumbre me domina a veces.
Entre semana busco el calor en sus brazos, los findes mi cabeza se vuelve caos.
No puedo evitarlo, me sigue costando.
Después del mayor atasco de toda mi vida, he de decir que,
nunca antes había sentido dicho empujón de ánimos
ni cierta ráfaga de aire fresco.
Jamás nadie me había ayudado tanto a avanzar.
Ni cuestión de idiomas ni países, tampoco de mundos rockabilly ni gritos.
Quizá sea su suave piel, 
capaz de amansar a cualquier fiera.
O por el contrario, 
capaz de desafiar a cualquier hiena sedienta por morder un poco más.
Sea lo que sea está yendo bien, mejor de lo que podía imaginar.
Yo que pensaba que esa noche se quedaría atrapada entre sábanas
y resulta que llegado a ver la luz del día.
Ni un desliz ni dos le quitan protagonismo,
es simplemente que la carne es débil y que por una vez necesito probar y experimentar.
Es algo que debía hacerse notar.
Somos humanos, seres caprichosos.
Siempre dispuestos a pedir más y más.
Siempre ansiosos.
Cierto ser marino me ha bajado las estrellas varias noches,
me ha hecho tocarlas sin levantar un dedo.
Ha sido compañero de sueños,
de paranoia y de sorpresas.
De risas y de ralladas, de ser sinceros y picados.
Guardián de colchón y almohada,
también de sofá y manta.
Él caminante de prados verdes, 
yo nadadora de océanos de tonalidades frías.
Rompedor de paredes y de muelles,
adulador de comisuras de sonrisas y aires descarados.
No te estoy regalando el oído,
pero tampoco quiero que ni mi voz oigas.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Pieces of life.